Consideraciones sobre Cuadros de Logia de Tercer Grado (parte 2)

Antes de proceder a un análisis muy acertado bajo mi punto de vista de Patrick Négrier sobre un cuadro de Logia de Tercer Grado publicado por Gabriel-Louis Pérau en l’Ordre des francs-maçons trahi (1745), y considerando que históricamente Hiram surgió como una figura alegórica de Jesús de Nazareth, proceso obvio dado el contexto calvinista y por tanto cristiano en la génesis ritual de la moderna Francmasonería, pero por otra parte tendente a aglutinar ecuménicamente variadas sensibilidades religiosas incluida el ateísmo, capaces de generar una válida atracción y convivencia tras nefastos episodios de enfrentamientos religiosos y que empujaba a la búsqueda y construcción de un lenguaje óptimo consensuado cuyo mensaje final fuera ética y moralmente aceptado y compartido por todos) a la que se incorporó toda una simbólica paralela con una amplia lectura (véase el papel de la acacia como substitución a la teofanía bíblica de la zarza ardiente y que perfectamente encajaba en otras lecturas simbólicas pertenecientes a diversas culturas donde las plantas han ofrecido muchas y variadas interpretaciones al uso y al gusto), propondremos previamente una lectura de otros muy utilizados cuadros de logia tal vez más orientada en una supuesta tradición alquímica y referida a antiguos misterios que si bien no comparto en lo personal, creo que supone un buen ejercicio simbólico en cuanto al análisis y descomposición del mensaje inherente del contenido que aparece en estos cuadros de Logia y cuyos elementos merece la pena conocer y valorar.

La Transmisión

Todos nosotros en nuestro interior llevamos a un maestro que debe despertarse, es el núcleo divino, para algunos, de todo ser humano. Está tumbado en una tumba, como Osiris. De ahí el sentido de la expresión platónica (sôma sêma), «el cuerpo es una tumba» para el dios sepultado en la carne, que la masonería llamó a Hiram. Sin embargo, los misterios masónicos de tercer grado van más allá de este primer misterio para centrarse sobre el objetivo final de toda realización hermética.
Es aquí donde la masonería revela según algunos toda su herencia alquímica ya que el tercer grado nos muestra que el fin esencial de toda sociedad iniciática es la transmisión: el maestro debe morir para resucitar en un discípulo, cosa indispensable para que una orden iniciática permanezca viva.
En efecto, si nadie no recibe el don tangible que salva de la muerte, la cadena iniciática se interrumpe, y los maestros, no teniendo más hijos, se retiran de este mundo. Entonces, sólo se quedan los símbolos, las abstracciones filosóficas o esotéricas, un ideal social y una moral. Nada de todo esto permite a Dios (lo divino, lo bueno, bello y justo, al ideal de perfección, o cualquiera de sus múltiples acepciones y/o concepciones arquetípicas o modélicas) encarnarse en este mundo, ni a nadie para ser salvado. De ahí la importancia de la transmisión efectiva.
El hermetista contemporáneo Emmanuel d' Hooghvorst se inclinó este tema capital, a propósito de un pasaje del Zohar:

¿Y de donde sabemos que Jacob no murió? Del versículo: «Porque estoy contigo» (Jeremias I, 8)... es decir que su Señor vino para asociarse con él en su generación de abajo... Y «Jacob volverá…». Rabí Isaac dijo: Los compañeros le mantuvieron de pie... Según que su descendencia está viva, él también, está vivo.

E. de Hooghvorst nos da misterio de la transmisión masónica, la llave de comprensión ya sea hebraica o masónica:

« Los compañeros…., en arameo haberaya; esta palabra puede ser empleada para designar a los miembros de una hermandad o de un orden de compañeros del maestro, que se transmiten su enseñanza y su vida. Pensaremos muy naturalmente en ciertos rituales de muerte y de resurrección al fin de los cuales el maestro se considera que resucita en su discípulo. Está escrito así: «Los compañeros lo mantuvieron de pie, es decir viviendo, en este mundo».

Parece evidente que la cábala hebraica y la buena alquimia hablan el mismo lenguaje que los rituales masónicos, y en el caso presente, ellos nos señalan el secreto de la transmisión dándonos a entender el sentido profundo del ritual de tercer grado. La puesta en escena del ritual quiere que el candidato a la iniciación se halle en estado de descubrir que el maestro se consagra a aquel que será su hijo, transmitiéndole así el don de la vida eterna, con el fin de resucitar en él.
Es por eso que E. d' Hooghvorst escribe: «los compañeros del maestro, que se transmiten su enseñanza y su vida… Según el Zohar, «los compañeros lo mantuvieron de pie». De pie, ya que por los cinco puntos de la perfección, el maestro resucita en uno de ellos. Aquí se acaba el trabajo del maestro - la transmisión o la multiplicación alquímica - y comienza la de su hijo creado no de carne sino de espíritu. Este hijo debe mantener al padre vivo «en este mundo», con el fin de que la orden no zozobre en la muerte de la letra o de los ritos. Tal es el sentido de la exaltación en el grado de maestro.
Estas palabras del Zohar, comentadas por la pluma de Emmanuel d' Hooghvorst, dan la llave de la comprensión de la naturaleza de la masonería así como de su función en este mundo, tanto para los tiempos pasados como para los tiempos presentes, según algunos.

Debo confesar que a día de hoy mi visión con lo aquí expuesto no la comparto plenamente, y que la razón, origen simbólico y ritual, así como el contenido y mensaje subyacente en este grado son otros diversos en su génesis y con una finalidad más cercana y próxima de descifrar.
Tal vez el ser humano, tan apasionado por lo oculto y mistérico, haya querido ver una realidad supra-humana en la transmisión, aunque ya de por sí, tiene suficiente legitimidad y peso específico el “simple” sacrifico y renuncia a lo pasional y subyugante, tras cuyo esfuerzo ejemplar, renace un nuevo hombre a imagen y semejanza de un modelo que, aunque tal vez mítico o ficticio, representa el ideal de aquello perfecto y nos acerca a la libertad. Esa es la grandeza en el regirse del Maestro y la enseñanza a transmitir al discipulado que, redescubriendo sus potencialidades, trabaja por su desarrollo en un mundo con valores compartidos y de respeto por la riqueza en la pluralidad liberándose del ego desmesurado, convirtiéndose en un ser social y solidario a medida que se perfecciona individualmente.

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9
Miembro del Supremo Conselho do Rito Moderno - Brasil

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