Consideraciones sobre Cuadros de Logia de Tercer Grado (y parte 3)

Prosigamos con diversas consideraciones herméticas y alquímicas a propósito de elementos rituales expresados en distintos cuadros de Logia de Tercer Grado que, si bien reitero mi particular oposición en cuanto a su primigenia génesis, creo interesante conocer al menos algunas de sus lecturas e interpretaciones que, a pesar de su mayor o menor lejanía en la certitud histórica, bien merecen una reflexión como soportes de meditación cumpliendo a tal efecto dicha labor simbólica, como elementos vivos, mutables (por qué no) y en permanente examen, aunque con frecuencia sus conclusiones o lecturas haya que filtrarlas para evitar excesos (de los que se ha hecho uso y abuso) y extraer alguna que otra luz de la que empaparnos, eso si, cum grano salis.

Los seis cráneos

Las dos tibias cruzadas bajo un cráneo son el símbolo de la victoria sobre la muerte, siendo el cráneo un jeroglífico de la putrefacción alquímica que, en unión con esta cruz, nos indica que por esta corrupción, la del antiguo hombre renacerá el nuevo hombre.
En la tumba, reencontramos en algunas representaciones seis cráneos, dado que antes de ser resucitado, nuestro padre Hiram era una creación incompleta, como la de los seis días del Génesis. Tras ese senario, hace falta un séptimo día, en que Hiram resucita de su tumba, se incorpora, y permite que el templo sea reconstruido.
Si bien esa precisión en cuanto al número de días es inconcreta en las instrucciones continentales de grado en lo relativo a la Leyenda (que no en los quince que aparece en el Prichard de 1730), es obvio por otra parte que el número característico de la maestría es el siete, que de entre otras más arduas y complejas argumentaciones simbólicas y numerológicas, se desprende aquella que nos propone que la verdadera creación se hace en los siete días descritos en el libro del Génesis. Así, por ejemplo, según el Regulador del masón, el Maestro tiene «siete años y más" porque el Templo se edificó «en siete años y más» como tiempo empleado por Salomón.

La rama de Acacia

Acacia es una palabra de origen griego que significa “inocencia”, “bondad”, literalmente “sin mal”, de a privativa y Kakos. El tabernáculo fue hecho de esta madera de acacia.
La rama de acacia permite a los nueve maestros descubrir el lugar donde se encuentra la tumba de Hiram.
Es muy curioso ver como aparece también cambiado ese número en novenario del quince original al igual que sucediera en el quinceavo día del encuentro del cuerpo. Ese cambio implica un grave error en la posterior lectura e interpretación simbólica asociada en la génesis de la Leyenda de inicio, vinculada a la alegoría del entorno cercano de Jesús en cuanto a su discipulado y entorno femenino vinculado a su figura, error que va más allá de la pura lectura simplista o religiosa puesto que difumina en gran medida ese arquetipo divino del hombre que es Hiram, y por tanto, el mismo Jesús de Nazareth en cuanto a ideal de perfección, y por tanto el Dios/concepto de lo bello, bueno y justo en potencia y presto a manifestarse. Esta interesante e imprescindible lectura debe hacerse más allá de todo prejuicio o posicionamiento doctrinal, y su obviedad a la ligera me parece inapropiada.
Volviendo al "errático novenario", la acacia es la primera cosa que dichos "buscadores" aprecian en estos misterios y es la razón por la cual, en el grado de aprendiz del Ritual de la masonería egipcia, se dice que la acacia es "la primera materia". También, en el grado de compañero nos aparece escrito:
La acacia que se nombra asociada al grado de maestro de la masonería ordinaria no es otra cosa que esta materia preciosa.
Conocer la primera materia de la obra hermética es acceder a la tumba donde duerme nuestro mismo padre Hiram, siendo él mismo la primera materia de la obra, que deberá convertirse en la materia de los filósofos y la piedra filosofal.
Véase pues en esta lectura, un giro que va más allá, en una clara alusión a la acción de transmutación post- teofágica, cuasi mágica y mística capaz de transformar per se. Permítaseme discrepar de la ilusa pretensión de contemplar una acción supra-humana que ipso facto regenere sin esfuerzo, dolor o perseverancia sin atender a razonar que, además del psicodrama vivencial (una pequeña puesta a nuestro gran interior) esta propuesta de Hiram (Cristo u Osiris) resucitado y realizado no es más que una directriz de actitudes, valores y normas que pautan todo un código ético de largo recorrido.

Una gran parte de la literatura doctrinal masónica también afirma que la rama de acacia se identifica con la rama dorada de la Eneida (VI, 136 y sig.):

Se considera que el sexto canto de la Eneida es una descripción de los misterios. Así, la rama de oro, correspondería a la acacia de los masones.
Es la rama que le permite al héroe Eneas descender a los infiernos herméticos donde su padre Anquises “revelará la edad de oro”. También en masonería, el padre en la tumba es Hiram Abi, "mi padre Hiram"; la rama de acacia es así el jeroglífico de su primer estado o la primera materia alquímica. Para resucitarlo, hay que descender en nuestra propia tumba, pero esto no se hace sin guía: la Sibila guía a Eneas, a semejanza del «Hermano Terrible» que guía al candidato a la maestría.
Es por ello que algunos diccionarios masónicos expresan que aquel que conoce la acacia puede decir:
“Estuve en la tumba, salí de ahí levantándome de entre los muertos y siendo regenerado, tengo derecho a la vida eterna.”

No deja de ser una lectura interesante y sofisticada del “poder” plasmado en lo que supuso ese paralelismo, o mejor, substitución simbólico-vegetal de la original Teofanía de la Zarza Ardiente vivida por Moisés en donde el insignificante arbusto, símbolo otrora de humildad, aparecía contenedor de la propia divinidad y magnificencia en un fuego permanente, como el Cristo, el Ungido, en el interior del ser humano, mostrándonos de pleno ese simbolismo de luz, energía y pureza cuasi perenne en todas las tradiciones culturales y que tan hábilmente fue incorporado en el Corpus ritual del arte de memoria masónico, capaz de sobrevivir, mutar y ser transmitido en todo tipo de corrientes espiritulistas o filosóficas, con independencia de su hábitat religioso, ya fuera entre las distintas corrientes del momento o en medio de la convivencia con diferentes escuelas gnósticas u otras variadas órdenes esotéricas y herméticas, como la Rosacruz a partir del XVII.
Un mensaje apto y moldeable para todos los públicos y gustos, ya fueran deístas, unitarios, trinitarios, ateos u otros.

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9
Miembro del Supremo Conselho do Rito Moderno - Brasil

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