Otra mirada masónica sobre el nacimiento de la Masonería

El nacimiento de la masonería en el siglo XVIII, dejando atrás las teorías que nos remontan a extrañas épocas, es un complejo y poliédrico mundo que se sustenta en líneas generales sobre dos pivotes geográficos: Inglaterra y Francia, con presencias más tangenciales en el resto del continente europeo y americano.

Esta sociabilidad se conforma en base a dos grandes concepciones meta-religiosas diferentes: el orbe católico y el orbe protestante, con reacciones políticas no tan dispares en algunos aspectos, pero muy distantes en algunos momentos.

La vulgata histórica canónica que se ha ido construyendo a lo largo de estos decenios, digamos que es muy lineal, sin que se hayan hecho muchos distingos entre un mundo y otro, más allá de hablar de logias y masones, de jacobitas y protestantes, de estuardistas y hannoverianos sin más… y lo cierto es que nos hemos ido acostumbrando a esos relatos canónicos que por general damos por válidos.

Como estudioso del fenómeno masónico, siempre me han llamado la atención algunos paradigmas, y máxime desde el momento en que he entrado de lleno en el mundo masónico del siglo XVIII, el cual presenta tanto para estudiosos como para lectores una serie de aciertos, pero también un buen número de trampas que la mayoría de los escritores y ensayistas, por una u otra razón o bien reproducen u obvian, digamos que o bien por desconocimiento o por su complejidad…

Ya en su momento Philippe Langlet, y algún que otro ensayista más, nos advertían sobre los problemas que se daban en cuanto al tratamiento historiográfico por parte de diversos autores al hacer tabla rasa al hablar de los paradigmas masónicos fueran ingleses o franceses.

Versaba la advertencia sobre manera en lo referido a los temas de las traducciones de un idioma a otro, del inglés al francés, y viceversa, y las distintas significaciones, lo que Saussure llamó la semiótica del lenguaje.

Cuestión que está muy ausente en muchos trabajos en los que media la traducción, pero como en general solo leemos un texto no advertimos los problemas, solo si se hacen trabajos comparativos entre los textos traducidos, pues vemos que existen disyuntivas muy frecuentes e importante, siendo en ocasiones cuestiones abismales.

Y no es una cuestión digamos que léxica, sino más de concepto, y pongo dos ejemplos para que se me entienda lo que quiero decir, por ejemplo, hace pocos dias leía unas traducciones del inglés al francés, y de ahí al castellano, en las cuales se interpretado por ejemplo los pedestales ingleses por altares, o espíritu por alma.

Lo que deja entrever la gran problemática existente a la hora de explicar el mundo masónico anglosajón, ya no por su peculiar carácter, sino por las artimañas que nos depara su lenguaje y sus conceptos.

Una peculiar construcción que se observa al entrar en el mundo británico del siglo XVIII, cuando uno lleva tiempo estudiando sus textos empieza a ser consciente de los efectos que la Reforma protestante tuvo sobre tal sociedad británica.

Ahí me di cuenta de que tal cuestión, ni fue igual ni se concibió de igual forma en los territorios anglosajones que en el continente, por ejemplo, en Francia donde desde siempre ha imperado la visión cosmogónica católica, ante lo cual me preguntaba ¿Se puede hacer un correlato entre la concepción simbólica inglesa y la francesa? Tal y como se viene haciendo de una manera lineal.

Se puede seguir construyendo una historia masónica sin tener en cuenta que los temas religiosos han influido de una manera profunda en el seno mismo de la sociedad británica y por ende también masónica, sabiendo pero no analizando por ejemplo sus documentos base, por ejemplo, tenemos Old Charges los cuales han ido mutando del catolicismo al anglicanismo y posteriormente al calvinismo, lo que ha supuesto cambios importantes y mutaciones que si no se conocen los intríngulis religiosos que se dieron en esa época en el territorio británico, a veces son cuestiones difíciles de entender, y es más puedo decir que en muchas ocasiones se nos escapan muchas explicaciones.

Es verdad que solemos poner etiquetas para simplificar nuestras percepciones, y así vemos adjetivos calificativos como calvinistas, luteranos, católicos, sin entrar en más disquisiciones, sin saber, por ejemplo, sí el Templo de Salomón, por exponer una cuestión determinada ¿Es lo mismo para un masón protestante británico cuya iglesia y cuya concepción religiosa es producto de una profunda Reforma, que ha modificado su sociedad y pensamiento?

Cuyas extensiones han entrado hasta la médula misma de la masonería, ¿Es lo mismo algunas de estas consideraciones para un masón del Continente, católico, o imbuido en una cultura catolizante, cuando además se estan utilizando bases bíblicas relativamente diferentes?

Esta especie de intuición sobre dicho conflicto, lo he visto generalmente circunscrito que a los temas de las traducciones…, y ha sido todo un descubrimiento leer estos dias un sorprendente libro titulado Le Tuilage Maçonnique de Michel Balmont, profesor de Letras y de Cine, que trabajó bajo la tutoría doctoral de Jacques Brengues, y cuya tesis versó sobre la Semiótica de la Palabra de Paso Masónica. Un ejemplo: los rituales maçonniques français entre 1725 et 1830, la cual se presentó en la Universidad de Rennes-2 en 1992.

Versando el trabajo de Balmont, sobre el método de comunicación y desarrollo acerca de una teoría del cambio simbólico (espacio, tiempo y lenguaje) y que ya en 1984 había esbozado el doctorando Jean-Pierre Lassalle con el tema de La formación y evolución del vocabulario de la francmasonería en Francia el siglo XVIII.

Pero será Balmont, el que ponga el dedo sobre la llaga al indicar ante el análisis de un catecismo de Aprendiz:

· ¿Qué viene hacer usted aquí? Pregunta el Venerable

· Responde el Aprendiz: Superar mis pasiones, presentar mis voluntades y hacer nuevos progresos en la masonería.

A este respecto Balmont, nos indica que tanto «los temas centrales de la pasión y la voluntad, nos reenvían a la filosofía de la edad clásica, pero las diferencias filosóficas de un lado al otro de la Mancha, cada sistema filosófico les ha dado, significados y conceptos bien diferenciados».

De este modo nos va relatando Balmont, como por ejemplo Hobbes y Locke se enfrentan ante dos concepciones y cual diferente pueden ser la cuestión dada o tratada en uno un en otro lugar.

Y nos presenta esta reflexión «¿Si las palabras pronunciadas por los masones ingleses y los masones franceses son las mismas, no se refieren, en esencia, a las mismas realidades filosóficas, a los mismos conceptos, ideas y sistemas? La letra del ritual francés es de origen inglés, no su espíritu y su significación».

Esto nos coloca en una gran tesitura, ya que cabe preguntarse, por poner un ejemplo ¿Si la sacralización que se va perfilando en el seno de la masonería francesa del siglo XVIII es de origen inglés, o bien es una reelaboración de los traductores o de los introductores de los rituales ingleses en el Continente?

O incluso es una reelaboración estructurada en el Continente, y esto es algo que hemos entrevisto en lo relativo a la articulación del gabinete de reflexión masónico, el cual en los ámbitos masónicos ingleses se refieren a este como unas dependencias oscuras o en semi penumbra, las cuales funcionaban en base modelos de estancia para una reflexión serena sobre el paso que el profano y candidato iba a realizar.

Por el contrario, en el Continente se va observando que dichas dependencias o habitaciones se va convirtiendo en un habitáculo muy específico, en el cual se van introduciendo determinados símbolos, y se van articulando toda una para frasis léxica y gestual, con la intención de dotal al espacio, que va quedando reducido a un cubículo, a modo de un seudo-enterramiento que busca una cierta caracterización simbólica y sacral, para de este modo lograr una especie de prueba para conformar el nuevo concepto que se dará a lo largo del siglo XVII sobre todo en Francia con relación a la iniciación, dejando atrás la anglófila forma de pertenecer al fraternidad masónica de la aceptación.

Si tenemos en cuenta la gran hecatombe que supuso la llegada de la Reforma a las islas británicas, que cambió de arriba abajo toda la sociedad civil, y religiosa, que creó nuevos paradigmas de comportamiento, de explicación, y porque no de negación de algunas cuestiones en base a las Reformas puritanas, como se explican de forma lineal algunas singularidades rituales y como se transfieren de una orilla a otra del Canal de la Mancha.

Me queda claro que algunos paradigmas como el Templo de Salomón no es lo mismo o no debe ser lo mismo en significado y significancia para un masón protestante calvinista que para otro masón del continente, su relación con el mundo religioso es distinto, incluso la figura del GADU, que el mundo anglosajón no parece ser una esencial piedra de choque en el Continente, no solo lo es, sino que además es un muro de separación, porque las concepciones son distintas.

Tengo claro que esto que expongo es difícil de explicar, y que son tanteos, pero tal vez tengamos que revisar algunos planteamientos, y tengamos que analizar algunas temáticas vertidas, incluso algunas partes de la ritualidad desde esa contingencia religiosa, verlas y analizarlas sabiendo lo que es y ha significado el mundo de la Reforma, pero incluso lo que han significado de cambio ritual estar en un proceso anglicano o calvinista.

Desde luego es una línea a explorar, la cual nos puede ayudar a explicar los dos mundos rituales, tan diferentes como es el británico y el continental, con axiomas y paradigmas a veces tan desiguales.

He dicho.

Victor Guerra
Vº Orden, Gr.·. 9 y último del Rito Moderno o Francés
Miembro Honorario del Soberano Gran Capítulo de Caballeros Rosacruz de Portugal
Miembro Honorario de la R.·. L.·. “Estrela do Norte – Grande Oriente Lusitano
Presidente del Círculo de estudios del Rito Moderno y Francés Roëttiers de Montaleau
Miembro de la Academia Internacional del la Vª Orden del Rito Moderno - UMURM
V.·. M.·. Ad Vitam de la Logia de Ivestigación “Los Modernos”

 

 

 

 

 

Franc-Maçonnerie et religion

Retracer les relations entre Franc-Maçonnerie et religion signifie en très grande partie présenter les rapports conflictuels qui, depuis la naissance de la Franc-Maçonnerie spéculative au XVIIIe siècle, avec la fondation de la Grande Loge de Londres, ont marqué la relation de la Franc-Maçonnerie avec les Eglises chrétiennes, l’Eglise catholique en premier lieu, mais aussi l’Eglise orthodoxe, certaines Eglises protestantes et, plus récemment, même l’Eglise anglicane. On ne traitera ici que des rapports entre Franc-Maçonnerie et Eglises catholique et anglicane, qui historiquement sont les plus importants.

La Franc-Maçonnerie opérative du Moyen Age était imprégnée de catholicisme et restait sous le contrôle de l’Eglise, la fête de Saint-Jean voyait les maçons assister ensemble à la messe du patron de leur corporation et les religieux de tous ordres étaient très présents parmi eux. Jusqu’au début du XVIIIe siècle, même sur le continent, même en France, plusieurs ecclésiastiques, des évêques même, étaient membres éminents de Loges maçonniques sans que cela ne leur pose aucun problème.

Avec la fondation de la Grande Loge de Londres la donne a changé et la Franc-Maçonnerie est devenue, ou elle a été perçue comme si elle était, un agent de l’anglicanisme. Grands voyageurs, les Anglais ont ouvert des Loges partout où ils allaient, même à Rome, ville dont le pape était à l’époque le souverain temporel, en même temps qu’il était le chef spirituel de l’Eglise catholique.

Cette situation nouvelle ne pouvait pas le laisser indifférent. Ainsi le 28 avril 1738 le pape Clément XII fulmine contre la Franc-Maçonnerie la Bulle In Eminenti apostolatus specula, condamnant à l’excommunication majeure les catholiques qui adhèrent ou favorisent la Franc-Maçonnerie.

Les raisons de cette condamnation étaient les suivantes :

les Francs-Maçons sont « fortement suspects d’hérésie », en raison du secret maçonnique et du serment qu’ils prêtent sur la Bible car, je cite « si les Francs-Maçons ne faisaient pas le mal, ils n’auraient pas cette haine de la lumière ». A ce motif principal, la Bulle In Eminenti en ajoute un autre ainsi rédigé : « et pour d’autres motifs justes et raisonnables de Nous connus ». La formulation très peu explicite de ce second motif a donné lieu a plusieurs spéculations, il semblerait aujourd’hui –sur la base de recherches faites dans les archives du Vatican- qu’il s’agisse là d’un critère civil, toute association non officiellement autorisée étant considérée, selon le droit canon de l’époque, comme subversive pour l’Etat. Il y aurait donc une double raison à cette première condamnation de la Franc-Maçonnerie par l’Eglise catholique, premièrement religieuse, secondairement civile.

Cette condamnation de la Franc-Maçonnerie fut renouvelée, avec les mêmes raisons, par le pape Bénoît XIV en 1751.
L’application de ces condamnations a varié selon les Etats et leur religion. La première Bulle fut appliquée immédiatement, bien entendu, dans les Etat de l’Eglise, mais aussi à Venise, en Sardaigne, en Pologne, en Espagne et au Portugal, tous des pays catholiques. En France, pays catholique mais toujours très soucieux de préserver les droits de l’Etat face à l’Eglise, aucune des Bulles du XVIIIe siècle ne fut appliquée, car elles ne furent pas enregistrées par le Parlement de Paris, ce qui était nécessaire et indispensable pour qu’elles puissent être exécutées, en vertu du principe qu’une loi non promulguée n’est pas contraignante, or une loi non enregistrée par le Parlement de Paris était considérée comme non promulguée.

Ce n’est qu’après la révolution française, à la suite du concordat de 1801 entre l’Empire napoléonien et l’Eglise catholique que les Bulles pontificales devinrent automatiquement applicables aux catholiques en France, sans besoin d’être enregistrées au préalable par le pouvoir civil français.

Par ailleurs, la condamnation de la Franc-Maçonnerie par l’Eglise catholique fut confirmée en 1865 par le pape Pie IX et en 1884 le pape Léon XIII étoffa l’argumentaire théologique de ses prédécesseurs, en condamnant la tolérance dont la Franc-Maçonnerie faisait preuve en admettant dans ses Loges des principes et des personnes contraires aux dogmes de la foi catholique :

« Pour eux (les Francs-Maçons), en dehors de ce que peut comprendre la raison humaine, il n’y a ni dogme religieux ni vérité […] De plus, en ouvrant leurs rangs à des adeptes qui viennent à eux des religions les plus diverses, ils deviennent plus capables d’accréditer la grande erreur des temps présents, laquelle consiste à réléguer au rang des choses indifférentes le souci de la religion et à mettre sur le pied de l’égalité toutes les formes religieuses, alors que la religion catholique est la seule véritable. »

On ne pouvait pas être plus clair.

Cela étant bien entendu valable là ou le catholicisme était la religion d’Etat, ou dominante.

En Angleterre, mettant fin aux luttes qui avaient opposé les Grandes Loges dites des Anciens et des Modernes, la Grande Loge Unie d’Angleterre venait de se constituer en 1813. Le duc de Sussex en était le Grand Maître, le prince de Galles (le futur roi Edouard VII) allait le devenir à son tour en 1875. La Franc-Maçonnerie allait ainsi devenir une institution d’Etat, au même titre que l’Eglise anglicane, dont le primat, l’archevêque de Canterbury, nommé par le roi, serait un jour aussi un frère.

Cette différence importante entre les îles britanniques et le continent européen explique l’évolution très différente de la Franc-Maçonnerie des deux côtés de la Manche, vers un anticléricalisme de plus en plus marqué, un agnosticisme et même un athéisme affiché sur le Continent, en opposition aux excommunications successives de l’Eglise catholique ; vers un conservatisme politique et religieux en Angleterre, en symbiose avec les autorités civiles et religieuses de l’« establishment », dont la Franc-Maçonnerie était devenue un des piliers les plus solides.

Après la première guerre mondiale, le nouveau code de droit canon promulgué en 1917 par le pape Bénoît XV avait un peu nuancé la position de rejet de la Franc-Maçonnerie par l’Eglise catholique, son article 2335 n’interdisant plus aux fidèles sous peine d’excommunication que l’adhésion « à une secte maçonnique ou autre se livrant à des machinations contre l’Eglise ou les pouvoirs civiles légitimes. » On pouvait en déduire, et d’aucuns l’ont fait, qu’on avait le droit d’adhérer à des Loges ne cospirant pas contre l’Eglise ou l’Etat, mais cette interprétation était –me semble-t-il– tirée par les cheveux. En réalité, meme si la formulation avait quelque peu changé, le fonds restait le même et pour l’Eglise toute « secte maçonnique » (il faut souligner l’emploi du mot préjoratif « secte » pour désigner la Franc-Maçonnerie, courant en Italie dans les milieux catholiques intégristes) restait opposée à l’Eglise et donc sujette à l’excommunication.

En Angleterre, encore en 1935, appartenaient à la Grande Loge Unie d’Angleterre les trois fils du roi : le prince de Galles, qui était Grand Maître Provincial du Surrey, le duc de York, Grand Maître Provincial du Middlesex et le duc de Kent, Premier Grand Surveillant. En étaient aussi membres le gendre du roi le comte de Harwood, Grand Maître Provincial du West Yorkshire, son oncle le duc de Connaught, Grand Maître de la Grande Loge Unie d’Angleterre, et son fils le prince Arthur, Grand Maître Provincial du Berkshire. Il y avait aussi de nombreux Franc-Maçons parmi le clergé de l’Eglise anglicane. [1]

Cette différence entre l’Angleterre et les pays du continent européen allait continuer de marquer l’évolution de la Franc-Maçonnerie des deux côtés de la Manche pendant les années suivantes et jusqu’à aujourd’hui.

Avec le Concile Vatican II il a semblé se faire une ouverture de la part de l’Eglise catholique vers ces Franc-Maçons « qui croient en Dieu », ce qui paradoxalement signifie ceux qui appartiennent à la Grande Loge Unie d’Angleterre, donc des anglicans dans leur écrasante majorité, tous les autres restant toujours sujets à l’excommunication majeure.

En 1983 le pape Jean-Paul II publiait un nouveau code de droit canon, qui ne cite plus explicitement la Franc-Maçonnerie. Il semblait donc que celle-ci tombait dès lors sous le droit commun des associations, qui prévoit d’après l’article 1374 qu’« est puni d’une juste peine celui qui adhère à une association conspirant contre l’Eglise. »

Un certain nombre de Frères éminents du Continent (appartenant pour leur grande majorité à la Grande Loge Nationale Française) en ont immédiatement déduit que l’Eglise permettait à des catholiques l’appartenance à des Loges relevant de Grandes Loges dites régulières, reconnues donc par la Grande Loge Unie d’Angleterre, dont la leur.

Mais le 26 novembre 1983 la Congrégation romaine de la doctrine de la foi (ex Saint-Office) publiait une note explicative, approuvée par le pape, disant explicitement que :

« Le jugement négatif de l’Eglise vis-à-vis de la Maçonnerie reste le même, puisque les principes de celle-ci ont toujours été jugés inconciliables avec les doctrines de l’Eglise. Les fidèles qui en font partie sont en état de péché grave et ne peuvent pas recevoir l’eucharistie. […] Les autorités ecclésiastiques locales n’ont pas compétence pour se prononcer sur la nature des associations maçonniques par un jugement qui impliquerait une dérogation à cette déclaration. »

Encore une fois, on ne pouvait pas être plus clair et la dernière phrase citée coupait l’herbe sous les pieds à ces évêques allemands qui auraient voulu reconnaître comme compatible avec l’appartenance à l’Eglise catholique la fréquentation de Loges dites régulières et demandant explicitement à leurs membres la croyance en un GADL’U conçu comme un Dieu créateur et personnel.

Afin de clarifier sa position, dans une déclaration publique datant de 1985, la Grande Loge Unie d’Angleterre a publié ce qui suit au sujet des rapports entre Franc-Maçonnerie et religion :

1) La Franc-Maçonnerie n’est pas une religion, ni le substitut d’une religion. Elle demande à ses membres la croyance pleine et sincère en l’existence d’un Etre Suprême, mais ne fournit aucune doctrine de foi qui lui soit propre.

2) La Franc-Maçonnerie est ouverte aux hommes appartenant à toutes les confessions religieuses. Pendant les réunions toute discussion de caractère théologique est interdite.

3) Il n’y a pas un dieu maçonnique : le dieu d’un Franc-Maçon est celui de la religion qu’il professe.

4) Les Franc-Maçons se réunissent dans le respect commun de l’Etre Suprême, qui reste suprême dans leurs confessions religieuses respectives.

5) La Franc-Maçonnerie n’essaie en aucune façon de fondre ensemble les religions existantes. Il n’y a donc aucun dieu maçonnique composite.

6) La Franc-Maçonnerie n’a aucun des éléments fondamentaux d’une religion, et notamment :

a) elle n’a aucune doctrine théologique et, en interdisant toute discussion religieuse pendant ses réunions, elle ne permet pas la naissance d’une doctrine théologique maçonnique.

b) elle n’offre aucun sacrement ni n’exerce aucun culte.

c) elle ne prétend pas conduire au salut par des œuvres ou des connaissances secrètes, ou par n’importe quel autre moyen. Les éléments réservés de la Franc-Maçonnerie concernent les signes de reconnaissance ainsi que les règles de l’art de la construction, transférés sur un plan symbolique, métaphorique et moral, et donc n’ayant aucun rapport avec le salut et l’eschatologie.

7) La Franc-Maçonnerie soutient la religion et ne lui est pas indifférente. Elle demande à tous ses membres de suivre chacun sa propre foi et de mettre ses devoirs envers dieu (quel que soit le nom par lequel il l’appelle) au-dessus de tous les autres. Les enseignements moraux de la Franc-Maçonnerie peuvent être acceptés par toutes les religions, elle soutient donc la religion.

Il est clair d’après ces lignes que, même si les Francs-Maçons anglais prétendent que la Franc-Maçonnerie « soutient la religion », elle ne peut pas être jugée comme compatible avec le catholicisme par l’Eglise, qui par la voix de l’Osservatore Romano du 23 février 1985 publiait le commentaire suivant :

« Il n’est pas possible pour un catholique de vivre sa relation avec Dieu en la partageant en deux modalités : l’une humanitaire, qui serait supraconfessionnelle et une, personnelle et intérieure, qui serait chrétienne. […] Le climat de secret, qui règne dans les loges, comporte en outre le risque pour les inscrits de devenir les instruments d’une stratégie qu’ils ignorent. »

Les deux arguments de la Bulle In Eminenti de 1738 sont donc toujours valables : le secret et l’hérésie, présentée sous la forme plus moderne de la supraconfessionalité, inadmissible pour une Eglise qui prétend être la seule détentrice de l’unique Vérité.

Paradoxalement, au moment même où les Francs-Maçons anglais prétendent que la Franc-Maçonnerie « soutient la religion et ne lui est pas indifférente », l’Eglise anglicane a rejoint les rangs de l’Eglise catholique et l’archevêque de Canterbury, le Dr. Rowan Williams, s’est ouvertement opposé à la Franc-Maçonnerie.

Dans deux articles publiés par le journal Independent du vendredi 15 novembre 2002, le nouvel archevêque a donné son opinion sur la Franc-Maçonnerie : il a soutenu qu’elle pourrait avoir une base satanique et il s’est dit opposé à la promotion à des postes de responsabilité dans l’Eglise anglicane de tout ecclésiastique qui serait en même temps Francs-Maçons.

Dans une interview radiophonique donnée le même jour, le Grand Secrétaire de la Grande Loge Unie d’Angleterre a fait remarquer qu’il était regrettable que le nouvel archevêque ait fait ces déclarations infondées sans avoir essayé d’en discuter au préalable avec les autorités de la Grande Loge, il a rappelé ensuite que la Franc-Maçonnerie n’est pas une société secrète, ainsi qu’il a été reconnu par un jugement de la Cour européenne des Droits de l’Homme du mois de juillet 2001, il a souligné qu’il est complètement contraire à la vérité de prétendre que la Franc-Maçonnerie pourrait avoir une base satanique et que la publication dans un journal de cette affirmation infondée pourrait causer une grande détresse à plusieurs anglicans qui sont Francs-Maçons et pour leurs familles, il a pour finir fait remarquer que l’intention de l’archevêque de vouloir discriminer les ecclésiastiques qui appartiennent en même temps à la Franc-Maçonnerie est contraire aux Droits de l’Homme et à la loi, et donc illégale.

Il est intéressant de remarquer que l’Eglise anglicane vient d’admettre récemment les femmes à la prêtrise et que son archevêque a officiellement déclaré qu’il est favorable à l’ordination de personnes se déclarant ouvertement homosexuelles, il n’y a apparamment donc plus que les Francs-Maçons qui lui posent problème.
On voit que même en Angleterre, sa patrie d’origine, la compatibilité entre la Franc-Maçonnerie spéculative et la religion chrétienne est aujourd’hui remise en cause.

Fabrizio Frigerio Ve Ordre, Grade 9
Suprême Commandeur du Sublime Conseil du Grand Chapitre Général Mixte de Belgique,
Membre honoraire du Grand Chapitre des Chevaliers Rose-Croix du Portugal,
Membre de l’Académie Internationale du Ve Ordre - UMURM.

[1] L’Eglise anglicane n’a commencé à mettre en discussion l’appartenance de son clergé à la Franc-Maçonnerie qu’en 1952, cf. Neville B. Cryer, « La Franc-Maçonnerie anglaise », in : Maçonnerie, maçonneries, éd. par Jacques Marx, Bruxelles, 1990, p. 101-123.

La M.·. Il.·. Hna.·. Olga Vallejo nueva Directora Académica del Gran Oriente Nacional Colombiano

La M.·. Il.·. Hna.·. Olga Vallejo , Vª Orden, 33°, actual Suprema Comendadora del Sublime Consejo del Rito Moderno para El Ecuador y Presidenta de la Unión Masónica Universal del Rito Moderno, ha sido nombrada Directora Académica del Centro de Estudios Históricos y Masónicos del Gran Oriente Nacional Colombiano.

Estamos plenamente convencidos de que ejercerá de manera justa y perfecta esta alta responsabilidad que conlleva dicho cargo, atendiendo a su amplia experiencia y dilatada labor masónica desde su bagaje en cargos directivos y labores de proyección pedagógica, académicas y de gestión, realizadas de forma brillante y ejemplar.

Con este nombramiento la Francmasonería colombiana y sudamericana refuerza su presencia institucional a nivel académico internacional donde la I.·. P.·. Hna.·. Olga Vallejo es un referente en el panorama masónico y eslabón de enlace con las masonerías de diversos orientes.