Sobre los conceptos “Escocés” y “Escocismo”

Cuando nos preguntamos por la verdadera naturaleza del término «Escocés», esta palabra puede tener múltiples sentidos y en ocasiones resulta difícil de aplicarle una precisa definición según los usos que se han hecho del mismo.
A finales del Siglo XVIII, con tantísima riqueza masónica, podríamos distinguir tres significados establecidos según su uso.
Primeramente, “Escocés” sería de entrada el nombre de uno de los más antiguos altos grados, que conoció además por causas diversas numerosas variantes con el paso de los años.
Estos grados Escoceses conservaron siempre una gran importancia en los altos grados.
Un segundo sentido, por extensión, llevaría a convertir en sinónimos de altos grados a los términos escocés y Escocismo, sea cual fuere el sistema de altos grados del que se tratara.
Finalmente, en los años 1760, apareció en Marsella un cuerpo masónico denominado “Madre Logia Escocesa”.
Esta denominación manifiesta la legitimidad pretendida por dicha madre logia para todos los grados, comprendidos también los altos grados. Practicaba un sistema en siete grados de los más clásicos: Aprendiz, Compañero, Maestro, Maestro Perfecto, Elegido, Escocés y Caballero de Oriente.

Según Roger Dachez, el término « Escocés » aparenta simplemente traducir que entre los primeros masones tanto en Francia como en Inglaterra, se mantuvo el recuerdo del importante papel desempeñado por Escocia en la maduración final del sistema especulativo masónico.
Las palabras escocés, escocismo, llegaron a significar todo lo que la Masonería designó como eminente, elegido, particularmente digno de respeto y honor, sin tener que ver con un origen propiamente relacionado con la propia Escocia».

Desde 1733 encontramos la huella de una logia Temple Bar, en Londres, habiendo conferido el grado de Maestro Escocés («Scots Master» o «Scotch Master»). Fue también conferido en una logia de Bath en 1735 y en la logia francesa» «St. George de l'Observance» no 49 de Covent Garden, en 1736.

Pierre Mollier nos recuerda la cita de Paul Valéry en la que nos indica: “Las palabras pierden su significado a medida que crecen en valor”. Esta observación se aplica muy particularmente a la palabra “escocés”. Este término atribuido en masonería, de múltiples significaciones, se encuentra siempre dentro de una aureola de prestigio y de misterio. Los francmasones han forjado incluso el neologismo “escocismo”, Igual de elusivo al tratar de obtener una definición precisa. Debemos recordar los significados sucesivos que la palabra pudo llegar a tener en las logias.

Cronológicamente, “escocés” supone en primer lugar el nombre de uno de los más antiguos altos grados. Es en París, el 11 de diciembre de 1743, que encontramos el primer testimonio de la existencia del término. La Grande Loge de France pone en guardia a los hermanos contra lo que parece como una novedad: «Teniendo en conocimiento que desde hace poco tiempo algunos hermanos se presentan bajo el título de maestro escocés y reivindican en algunas logias, derechos y privilegios…».
En 1744, en L'Ordre des francs maçons trahi, el “abbé Pérau” expresa: "No ignoro que está habiendo un vago ruido entre los francmasones, respecto a una cierta orden a la que llaman los Escoceses, superior a lo que se afirma, masones ordinarios y que tienen sus ceremonias y sus secretos aparte". Parece que hubo, desde el principio, varias escuelas concernientes a las ceremonias y secretos particulares de los escoceses. Así, en París, el grado misterioso del abbé Pérau, condenado en un primer tiempo por la gran Logia de Francia en 1743, es según toda probabilidad, el que nosotros conocemos bajo la denominación de Escocés de las 3 JJJ., también llamado Escocés de París o Escocés de Clermont.

En la Francia meridional, la masonería parece haber primitivamente practicado otro tipo de escocés denominado «de la Bóveda », muy pronto presentado como una  como una «Masonería de Perfección». Este «Escocés de Perfección» versión francesa del Royal Arch británico, retoma un tema clásico del esoterismo judeo-cristiano. Revela la existencia de una palabra perdida, el verdadero nombre de Dios, cuidadosamente conservada en una bóveda secreta oculta bajo el Templo de Salomón. Estos grados de Escocés conservarán siempre una gran importancia en la masonería de altos grados. Por extensión, a partir de mediados del siglo XVIII, los términos “escocés” o “escocismo” se convierten en sinónimos de altos grados.
Este significado es probablemente el más legítimo, en cualquier caso, el más lógico.
A principios del siglo XIX, cuando el Gran Chapitre General de Francia se enfrentará a la concurrencia de un nuevo rito titulado "escocés", reclamará alto y claro su "ecocismo" y su perfecta regularidad "escocesa".

En los años 1760, como ya hemos apuntado, aparece en Marsella un cuerpo masónico que se denomina “Madre Logia escocesa” apelando la legitimidad sobre todos los grados comprendidos los altos grados. Esta tiene una gran proyección en Provence, después más ampliamente en el Midi francés y finalmente en París. En esta Madre Logia, lo que terminará denominándose “Rito Escocés” profesado por esta y sus logias hijas se refiere ante todo a los altos grados. No obstante, por razones poco claras, los grados azules practicados por la madre logia presentaban algunas particularidades como la colocación de los grandes candelabros alrededor del cuadro de logia. Por deriva semántica, se vino hablando de grados simbólicos del Rito Escocés, es decir, del rito practicado por la madre Logia Escocesa, lo que habría sido unos años antes un sinsentido, de características fundamentalmente Modernas a nivel formal.

Al inicio del Siglo XIX la corriente animada por la Madre Logia Escocesa se fusiona con el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, versión francesa de la masonería de los Antiguos, aportada desde las Antillas y de los estados Unidos de América por los masones refugiados de Santo Domingo. Los usos “escoceses” y “Antiguos y Aceptados” fueron amalgamados para la masonería simbólica en la “Guía de los masones escoceses” entre 1804 y 1820 (fecha de su edición). Poco a poco, el término “escocismo” viene a designar el Rito escocés Antiguo y Aceptado en todos sus componentes, tanto en lo referente a la masonería simbólica como en la de los altos grados. Esta acepción de la palabra es no obstante puramente francesa, puesto que en la mayor parte de los países el Rito Escocés Antiguo y Aceptado (o también denominado simplemente Rito Antiguo y Aceptado como sucede en Inglaterra y Gales, por ejemplo) suele ser exclusivamente un sistema de altos grados.

Al final de esta revisión histórica, uno puede preguntarse si no sería apropiado reservar el término "escocismo" para la masonería de altos grados, cualquiera que sea el sistema en cuestión.

Queda la pregunta del origen de la palabra "escocés". ¿Por qué los masones de la primera masonería especulativa, en la década de 1730, bautizaron el rango terminal donde fueron revelados los secretos más elevados de la Orden, Maestro "Escocés"? Encontramos, un poco antes, rastros de maestros escoceses en algunas logias inglesas. Es probable que conocieran el papel esencial de la masonería operativa escocesa en la formación de la masonería moderna especulativa. Al comienzo de la Francmasonería especulativa, este calificativo honró el origen geográfico, muy real, de los misterios más profundos de la Orden. 

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9, 33º
Miembro de Honor del Grande Oriente Lusitano
Miembro de Honor del Gran Oriente Nacional Colombiano
Miembro de Honor de la Gran Logia Tradicional del Paraguay

Bibliografía base:

Pierre Mollier, “Naissance et essor du Rite Écossais Ancien Accepté en France :
1804-1826”
ÉDITIONS DERVY
2004

Pierre Mollier, Encyclopédie de la franc-maçonnerie”, Le Livre de Poche, 2008 “
article « Écossais »

R.Dachez, Histoire de la Franc-maçonnerie Française, p.61, PUF 2003.

Paul Naudon, Histoire générale de la franc-maçonnerie, Presses universitaires de France, 1981




La práctica de la Masonería como método iniciático

En numerosas ocasiones hemos escuchado que la Masonería es una institución esencialmente filosófica, filantrópica y de perfeccionamiento que tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de la solidaridad, trabajando para la mejora material y moral, así como el perfeccionamiento intelectual de la humanidad.
Efectivamente así debe ser, deviniendo mediante el apropiado uso de sus herramientas y metodología una auténtica escuela de formación del ciudadano en mayúsculas.

Con el fin de asumir o aproximarnos cada vez más a esos objetivos, utópicos en ocasiones, pero no por ello necesarios de perseguir, tenemos la obligación para con nosotros mismos de desplegar nuestra pericia y deseo en la búsqueda de materiales de crecimiento en todos los planos, así como despertar y alimentar nuestras inquietudes de desarrollo de nuestros múltiples potencialidades en todos los campos. El buen trabajo dirigido en esta línea ha de proporcionarnos un merecido salario en primera instancia a nivel individual, y consecuentemente, una positiva incidencia en esa obra global de la cual somos materia y obreros a la vez: la humanidad.
En ese caminar de la búsqueda para encontrar, os he torturado con frecuencia con Planchas y reflexiones a veces cargadas de giros filosóficos complejos o abarrotados de datos historiográficos que, vuestra paciente, amable y fraternal actitud ha permitido que yo sienta, o presienta, haberme conducido a un mayor esclarecimiento, y espero, haya también incidido positivamente en el caminar de todos o algunos de vosotros.
Es ese enriquecedor quid pro quo carente de egoísmo, por plural y compartido, lo que me motiva día a día a seguir en la cantera y a intentar aplicar más cada día la práctica del amor con el mayor sentimiento de sincera gratitud.

No obstante, hoy quiero hacer un ejercicio de introspección. De filtrado diría yo, para tocar de pies en el suelo, y calibrar toda la potencia transmutadora, generadora y constructiva, que por simple, a veces subestimamos en una lectura ligera de nuestros rituales o sobre el valor que damos a la lectura de nuestros símbolos característicos, esos vehículos de por sí cargados de conocimiento y plataforma de despegue de nuestras meditaciones multiformes y multitemáticas.
He devorado felizmente libros y leído autores variadísimos de todos los campos sobre los que mi humana capacidad intelectual ha sido capaz de abordar, aunque no sé si de asimilar en su plenitud, habiendo de confesaros que en alguna que otra ocasión, he sufrido un empacho o colapso, que a pesar de ello, siempre, y digo siempre, son positivos si se revisan desde la distancia que da la maduración, y el paso del tiempo en un nuevo abordaje.
Uno de los filósofos y masonólogos que más profunda y brillantemente han abordado la ontología y hermenéutica masónicas, ha sido el Q.•. H.•. Patrick Négrier, personaje al que frecuentemente hago referencia por su colosal y descomunal obra, a día de hoy no superada en los campos de la génesis de la francmasonería moderna en concreto. Autor de difícil lectura a botepronto por la complejidad del desarrollo analítico de las temáticas que aborda, me sorprendió como hombre accesible, presto y dispuesto, siempre atento a responder cuestiones con una actitud fraterna y cercana. No debiera causarnos extrañeza: su praxis vital se halla acorde con la inherente fraternidad contenida en los principios de nuestra Augusta Institución, aunque también sabemos, que desgraciadamente, esa prédica y práctica masónicas se nos aparecen en desfase, e incluso en contradicción en más ocasiones de las que sería deseable.
Volviendo al Hermano Patrick Négrier, más impresión me produjo la simplicidad y transparencia con las que aborda una pregunta crucial, y cuya respuesta nítida, límpida, he intentado hacer mía y que ahora quiero con vosotros compartir.
Cuando me cuestiono mediante qué medios complementarios a la masonería pueden permitirme progresar sobre el camino iniciático, me propongo a hacer las siguientes consideraciones con la máxima simplicidad de la que soy capaz de expresar y sentir sinceramente, y que tal vez a más de uno puedan sorprender: un masón puede ayudarse del conjunto de la cultura mundial (filosófica, literaria o espiritual) para completar su formación masónica. Pero no es indispensable ya que el método masónico contiene el mínimo útil para el desarrollo psico-moral de todo ser humano. Es suficiente practicar honesta y atentamente los medios propuestos por la masonería; y es por tanto inútil buscar fuera de la masonería instrumentos de perfeccionamiento que ella misma esconde y propone.

Todo masón o masona debería reconstituir en su propia casa una pequeña cámara de reflexión y estar en ella al menos un cuarto de hora al día cada mañana
a) Mirando una imagen como una reproducción de una pintura de “Vanités” (Vanidades), género pictórico simbólico de gran auge en el siglo XVII que abordaba las temáticas de la muerte y la fragilidad y lo efímero de los bienes terrestres y del placer, nos recordará la proximidad de la muerte y la relatividad que debe darse al apego material. Asimismo, mirando el reloj de arena, tomaremos consciencia del tiempo de vida que nos queda por vivir.
b) Acto seguido, mirándonos en un espejo con el objetivo únicamente de recordar cada día una nueva sección de nuestro pasado significativo que creíamos olvidado, para así intentar comprender las diversas causas a fin de reparar en el futuro las malas acciones del pasado
c) Y rememorando nuestras preguntas de Orden el día de nuestra Recepción (testamento filosófico para algunos) con la finalidad de operar pasado el tiempo las correcciones y complementos correspondientes a nuestras recientes y nuevas tomas de consciencia.

Durante el día, el masón debería practicar el silencio de la boca evitando las palabras inútiles, y buscar el silencio exterior para así contemplar y observar los fenómenos que nos envuelven en vista a comprenderlos.
Debiéramos también cada día practicar en las diversas circunstancias de la vida los cinco sentidos buscando, como si estuviéramos a punto de redactar de nuevo nuestras “impresiones de iniciación”, a tomar consciencia de lo que sentimos exactamente, y a encontrar las palabras más justas para plasmarlo.

Por la noche, en Logia, los masones deberían hacer alternar las planchas de investigaciones sobre cultura masónica con las planchas donde el masón exponga a sus Hermanos y Hermanas la etapa en la cual se encuentra personalmente acerca de sus cuestionamientos y de sus convicciones, preocupándose en armonizar sus actos con sus convicciones. Es ahí donde en el intercambio y aportaciones, todos y cada uno de nosotros deberíamos hacer correcto uso de la Palabra, esa afirmación creadora de nuestra realidad que la hace existir desde su estado potencial.
En múltiples ocasiones se ha hablado en mi Logia del porqué del uso de la Palabra de los Aprendices. En mil y una ocasiones muchos hermanos hemos mostrado y demostrado masonológicamente lo inútil de su ausencia y lo históricamente infundado acerca de su prohibición. Como bien apuntaba en un bello trabajo titulado “La Misión del Rito Moderno” el Q.•. H.•. José Coelho da Silva, miembro del Supremo Consejo del Rito Moderno de Brasil y Gran Maestro del Gran Oriente del Estado de Rio de Janeiro durante el periodo 1991-95, una de las característica propias del Rito Francés es que en sus Templos, durante los trabajos, los Hermanos Aprendices pueden hacer uso de la palabra. Y deben hacerlo para ejercitar el poder y la destreza de la misma. Entienden que el Aprendiz Masón debe aprender a hablar y se le aconseja, incluso, practicar ejercicios de lectura diaria, en voz alta, perfeccionando el conocimiento y la pronunciación, con fragmentos de buenas Obras asumiendo al mismo tiempo, el compromiso de hablar en Logia para adquirir una desinhibición, preparando trabajos escritos y lanzándose, después, a la improvisación, en búsqueda de interpretaciones rápidas y manifestaciones precisas. El Masón tiene un potencial oculto que sin duda proyectará al exterior, a la sociedad de una u otra manera por su cualidad. Por tanto su palabra esclarecida, debe ser siempre escuchada y comprendida correctamente siempre que un mensaje, una opinión o un punto de vista puedan ser útiles o necesarios.

En lo concerniente a las investigaciones de historia masónica, deberían incluir el estudio del Rito de los Antiguos deberes (1390-1729) y el estudio de los textos fundadores del rito del Mot de Maçon (1637-1751) así como las Constituciones de Anderson y Désaguliers de 1723.
En cuanto a la interpretación de los símbolos masónicos, ésta debería en primer lugar fundarse sobre el estado del rito especulativo que era el de su forma primitiva del Mot de Maçon, sin aditamentos ni invenciones a posteriori y fuera de lugar.
A partir de aquí, es del todo aconsejable estudiar e investigar lo más profundamente posible, hasta el más mínimo detalle a poder ser, la evolución de los rituales hasta nuestros días, tomando verdadera consciencia de lo que fue, es, y aquello que no lo es tanto, así como conocer y reflexionar sus bases fundamentales y estructuras simbólicas, mensajes éticos y filosóficos; el cómo cuando, donde y por qué de su creación y de sus mutaciones, el reconocimiento de lo genuino y de lo añadido por modas o condicionantes socio-culturales. Debemos impregnarnos de esa búsqueda por el conocimiento e ir al encuentro de la verdad, de nuestro legado, de nuestra historia y asumir nuestra responsabilidad sin miedo alguno a lo que descubramos.

Después, las tenidas deberían estar acompañadas de una audición de música (tema ya propuesto en las Constituciones de 1723 con los cantos masónicos).
Finalmente tras cada Tenida, lo ideal sería que siempre hubiera un ágape fraternal ritualizado de manera escrupulosa conforme al estado primitivo de los ágapes masónicos, que bien podemos encontrar ya detallados y descritos en l’Ordre des Franc-maçons trahi de l’abbé Pérau de 1745. Hemos ido vaciando ese estado vivencial que va más allá de lo cognoscitivo, renunciando a otras vías perceptivas que en absoluto se contraponen, sino que se complementan con lo racional y lo analítico, incluso en lo convivencial.

Hasta aquí esta exposición que aún con el humilde deseo de poder ser de utilidad reflexiva para todos, ha sido realizada pensando muy especialmente en nuestros nuevos Hermanos Aprendices, alentándolos a protegerse de la “vanidad” que puede aparecérsenos de múltiples formas y manifestaciones, camuflada, deviniendo nuestro quehacer masónico en un juego grotesco de contradicciones mil, si no descabezamos ese monstruo ignorante que frena realmente el avance humano tanto en el plano individual como en el colectivo, fuente de disensos permanentes y llave de acceso a lo retrógrado, aunque esté sutilmente manifestado.

Este análisis me ha aportado un grato aprendizaje y, por tanto, tengo ya un salario de antemano, permitiéndome sugerir la frase de Quintiliano que me repito con frecuencia:
Nunquam vera species ab utilitate dividitur: la verdadera belleza nunca va separada de la utilidad.

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9, 33º
Miembro de Honor del Grande Oriente Lusitano
Miembro de Honor del Gran Oriente Nacional Colombiano
Miembro de Honor de la Gran Logia Tradicional del Paraguay

Las Órdenes de Sabiduría del Rito Francés - El Corpus de Grados y la Especificidad de la Quinta Orden

 En enero de 2018, Colette Léger, Miembro del Gran Capítulo General de Francia, y de su Capítulo Nacional de Investigación, así como ex Gran Canciller del Gran Capítulo General de la Gran Logia Mixta de Francia, nos presentaba las investigaciones y arduos trabajos de su autoría en un “fuera de serie” de la colección JOHABEN, Conform édition pieza maestra trascendental, no solo para el Rito Francés o Moderno, sino para toda la masonería Universal derivada del Siglo de las Luces y de donde bebieron los denominados futuros ritos con adjetivo calificativo cuando los mismos no tenían ni nombre ni estructura. El trabajo de Léger, preciso, procedimentalmente impecable, analítico, profundo y contrastado, muestra lo mejor de las técnicas de investigación historiográficas en vigor. Como ya expusimos en una anterior entrada https://racodelallum.blogspot.com.es/2018/01/los-81-grados-del-rito-frances.html dicho proyecto estuvo magistralmente coordinado a través del Grand Chapitre Général du Grand Orient de France, poniendo ante nuestros ojos unos materiales inéditos solamente al acceso de quienes puedan desplazarse a la Biblioteca Nacional de Francia (BnF), y donde también aplaudimos el excelente prefacio de Philippe Guglielmi, Muy Sabio y Perfecto Gran Venerable del Gran Capítulo General del Gran Oriente de Francia, Gran Maestro del GODF en el año en el que se reactivaron los Órdenes de Sabiduría en el seno de dicha obediencia. Esta obra cumbre, sería a su vez muy interesante que pudiera ser acompañada de una profunda y analítica lectura del libro “La Franc-Maçonnerie du siècle des Lumières : Le Régulateur du IIIe Millénaire, Rite Français”, también coordinada por el Grand Chapitre Général du Grand Orient de France en 2010, tanto por su contenido conceptual y ritual,así como por las intervenciones preclaras de plumas de primera categoría como Jacques-Georges Plumet, Pierre Mollier, Alain Bauer, Charles Porset, Ludovic Marcos o Roger Dachez.

Ya el 5 de septiembre de 2014, Colette Léger nos hacía un anticipo de lo que la conduciría al resultado final (colosal diría yo) a modo de “Master Class” mostrándonos el estado de algunas de sus investigaciones para esas fechas en “Critica Maçonnica”.

La introducción al blog en cuestión es bien sugerente:

Colette Léger, con una abnegación que solo se ve igualada por la calidad de su investigación, empieza a trabajar desde este instante con copias manuscritas de antiguos rituales "Modernos", Órdenes y grados simbólicos. Ha plantado su tienda de campaña en el fondo masónico de la Grande Bibliothèque de France para estudiar el Rito de los Modernos, que se convertiría en francés. Aquí nos proporciona algunos elementos de sus investigaciones… en Critica Maçonnica, por supuesto…

El Grand Chapitre Géneral de France

El 2 de febrero de 1784, siete capítulos de Rosecruz en París, vinculados a logias del Gran Oriente, se reagrupan para formar el Gran Capítulo General. Estos Capítulos fundadores tienen pos nombres: La Reunión de Amigos Íntimos, Amigos Íntimos, Los Hermanos Unidos de St. Henry, Amistad, Armonía, Salomón y La Trinidad. El Gran Capítulo General se presenta como una federación de Capítulos de altos grados en Francia: "Los siete capítulos soberanos mencionados se han congregado y se congregan solo en el deseo y el plan de formar entre ellos un Gran Capítulo General que reúna a perpetuidad, en Francia, bajo su régimen y bajo su gobierno, todos los Capítulos soberanos que existen ahora y que existirán en el futuro, para reformar la Acefalia que los caracteriza y purgar los abusos”. [1] Este texto ilustra el carácter anárquico del desarrollo de los grados escoceses y la pluralidad de sistemas implementados.

Los 81 miembros fundadores del Gran Capítulo General pertenecen, según el historiador Matthieu Baumier [3], "a una burguesía de profesiones liberales esencialmente, fisonomía familiar en el París masónico de finales del siglo XVIII donde las profesiones de justicia, finanzas y comercio dominan ampliamente ". Llevan las ideas de la Ilustración y practicantes de una forma de deísmo ilustrado, de religión natural, con reconocimiento de un Gran Arquitecto del Universo que no es un Dios revelado. Un cierto número de ellos son oficiales del Gran Oriente, lo que les niega toda voluntad de independencia en relación con esta Obediencia.

El 8 de abril de 1784, la elección de los quince oficiales que constituían el ejecutivo de la estructura llevó a Alexandre-Louis Roettiers de Montaleau a la función de Presidente, bajo la denominación de  Muy Sabio y Gran Mestro. Será reelegido para este puesto el 8 de mayo de 1787. El rol asignado al Gran Capítulo General es el asignado previamente a la Cámara de Grados. Los Estatutos y Reglamentos Generales [4], emitidos el 19 de marzo de 1784, estipulan explícitamente cinco órdenes o grupos de grados:


“El Gran Capítulo general contendrá todo su conocimiento en cinco órdenes.

La 1ª Orden incluirá todos los intermediarios de la maestría al Elegido. El Elegido será el complemento.

La 2ª orden incluirá el escocés, todos los escoceses posible y lo que le sea relativo

La 3ª orden incluirá al Caballero de Oriente, y lo que se le relaciona.

La 4ª orden incluirá el Rosacruz y lo que le sea relativo

La 5ª orden incluirá todos los grados físicos y metafísicos y todos los sistemas, especialmente los adoptados por las asociaciones masónicas vigentes”.

Las primeras cuatro órdenes se constituyen en "consejos" [5] y están destinadas a llevar a cabo las ceremonias de paso de una orden a otra. Las actas de las reuniones de dichos consejos muestran que no hay presentación de obras simbólicas, excepto los discursos del orador del Consejo. La Vª Orden está compuesta por 27 miembros, que componen la "Oficina de Correspondencia y el Comité del Gran Capítulo General": todos los asuntos relacionados con ésta se envían así a este nivel superior para su preparación y discusión al efecto de dar cuenta de todo ello. Se distinguen dos clases:


"Mientras que el conocimiento proveniente de los diversos sistemas conduce a un trabajo continuo y la iluminación que solo se puede adquirir de forma sucesiva y a fuerza de celo y diligencia, la quinta orden se subdividirá. Su subdivisión será nueve, que será elegida por la asamblea de los miembros que componen dicha 5ª Orden. [...]. Esta subdivisión se referirá esencialmente a la clasificación de cada grado según el orden al que pertenece, así como a todos los conocimientos masónicos de la naturaleza que sean."

El 18 de abril de 1784, los miembros de la Vª Orden fueron elegidos: Roëttiers de Montaleau fue nombrado presidente. Será reelegido para esta cargo el 8 de mayo de 1787. La Vª Orden es una forma de academia de grados "escoceses", cuyo objeto consiste en clasificar los grados existentes y reducir en uno solo los grados de una misma familia. La codificación propuesta para las cuatro órdenes, sin embargo, no excluía la práctica de grados intermedios en ciertos Capítulos.

Las actas de las reuniones del 24 de abril de 1784 al 4 de diciembre de 1787 han sido redescubiertas recientemente por el Gran Oriente de Francia, entre los archivos masónicos restituidos por Rusia. Fueron publicados por Pierre Mollier, Director del servicio de Biblioteca, Archivos, Museo del Gran Oriente de Francia, en la revista Renaissance Traditionnelle [6]. Estas confirman el papel de la asamblea de la Vª Orden como lugar de gestión administrativa del Gran Capítulo General: preparación de decisiones sobre candidaturas, afiliaciones, pasajes de un orden a otro, agregación de Capítulos, finanzas y aprobación de los rituales establecidos para las órdenes. Parece, como escribe Pierre Mollier, que el trabajo de la Vª Orden no se realizaban de acuerdo con un ritual o grado particular (trabajo "abierto" y "cerrado de la manera habitual"). De la misma manera, ninguna ceremonia de iniciación acompañó la elección de esta orden. Se puede concluir de este modo que se trataba de un grado administrativo.

Entre 1784 y 1786, el Gran Capítulo General finalizará el establecimiento de un ritual para cada una de las primeras cuatro órdenes, basándose en el trabajo de la Cámara de Grados: Elegido Secreto, Gran Elegido Escocés, Caballero de Oriente y Soberano príncipe Rosacruz. Estos rituales se imprimirán en 1801 en una colección titulada "Régulateur des Chevaliers Maçons".

Las actas de la Quinta Orden sugieren que el propio Roëttiers de Montaleau escribió los rituales de la primera, segunda y cuarta órdenes. El Gran Capítulo General fue solo un paréntesis de la historia: el 17 de febrero de 1786, el Gran Oriente decidió que se le adjuntara a él. Se notará con diversión el anagrama dado, más que tardíamente al Gran Capítulo General por la Cámara de Grados el 4 de diciembre de 1787: "Granito del Echarpe [7]". ¿Fue para cerrar definitivamente el paréntesis?

Soberano Capítulo Metropolitano

La reunión (o más exactamente la re-unión) del Gran Capítulo General al Gran Oriente sólo se efectuó el 2 de febrero de 1788. Por tanto, se donó a la potencia masónica entonces dominante de un sistema de altos grados estructurados (cinco órdenes) y decenas de capítulos implantados en Francia y sus colonias. Tan pronto fue instalado el "Capítulo Metropolitano", se le otorgaron cartas capitulares con fines de regularidad.

Esta nueva estructura continúa la obra del Gran Capítulo General con el mismo modo de funcionamiento y los mismos nimadores, Roëttiers de Montaleau quedando como Presidente del Capítulo Metropolitano y  devla Quinta Orden hasta su muerte el 30 de enero de 1808. Sin embargo, el Capítulo Metropolitano, comúnmente llamado "Soberano Capítulo Metropolitano" no escapará a la agitación revolucionaria: sus trabajos fueron, en efecto interrumpidos en abril de 1792 y no se reanudaron hasta abril de 1797: "diversas propuestas se han hecho para el bien y la regularidad de los trabajos del Capítulo Metropolitano y restaurarles el lustre y la actividad tan esenciales para el bien de la Orden en general. Estas han sido reenviadas a una comisión”.

La lectura de las actas de las reuniones del Comité de los 27 (ejecutivo de la estructura) revela, sin embargo, profundas dificultades desde el año 1800:

- Problemas financieros debido a un gran retraso en las contribuciones de los miembros del Capítulo Metropolitano; reuniones de los consejos de las cuatro órdenes sin decoración masónica adecuada, llevando al Presidente, llamado Muy Sabio, a proponer "para el bien especial y la gloria del Capítulo Metropolitano, que las sesiones se lleven a cabo en las 4 órdenes con la mayor decencia y como resultado de lo cual sería muy necesario proporcionarle toda la ropa y los ornamentos indispensables para su esplendor ", que las finanzas de la estructura no permitían en ese momento; capítulos de fundación en situación de no herencia de propiedades: "El Muy Sabio ha hablado nuevamente de los capítulos fundadores; y después de haber expresado a la asamblea que la mayor parte de los capítulos, que habían estado durante mucho tiempo sin actividad debido a las circunstancias, destacó la importancia de invitar a los del Oriente de París a acercarse al centro común reuniéndose en el Capítulo Metropolitano para reemplazar a aquellos que por el efecto de las mismas circunstancias ya no forman parte de él. [11]”; práctica de rituales antiguos y no reconocidos desde 1786: "dado que el Gran Oriente había unido sus atribuciones a la Masonería de Altos Grados y había determinado a aquellos a quienes reconocería, varios capítulos de su correspondencia siguieron trabajando siguiendo el viejo rito manteniendo grados que ya no son parte de la masonería francesa, y dando a los Hermanos iniciados en su seno, palabras, signos y toques que ya no se usan en el Gran Oriente "[12]; dificultades para establecer Regulaciones Generales específicas para el Capítulo Metropolitano, que solo serán aprobadas en 1804.

Ese mismo año, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA), nacido en Estados Unidos, se estableció en Francia: contrario al Rito practicado por el Capítulo Metropolitano (tres grados simbólicos y cuatro órdenes, cada una de ellas es un grupo sintético de grados), el REAA es analítico: está organizado en 33 grados (los tres grados simbólicos y treinta grados más allá del grado de maestro). Confiere altas grados más allá del grado de Rosacruz, grado terminal del “Rit” (que se llamará unos años más tarde rito francés para ser distinguido del REAA). Con pocas excepciones, el patrimonio masónico utilizado por los dos ritos es el mismo, recogido de los altos grados desarrollados en Francia desde 1740. Fiel a su deseo de controlar la masonería, el Gran Oriente crea dentro de ella el 21 Julio de 1805 un Gran Directorio de Ritos, "compuesto de tantos miembros como habrá de ritos". La respuesta no tardará en llegar: el Rito Escocés retomará su independencia, en términos de administración de los grados superiores al grado 18.

El Soberano Capítulo Metropolitano tuvo que reaccionar para mantener el posicionamiento del “Rit” Antiguo [13]. Para hacer esto, tuvo que designar como jefe supremo de “Rit” el Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, Cambaceres, para reorganizarse y posicionarse en términos de altos grados más allá del de Rosacruz. El primer punto fue adquirido por el Comité Administrativo del 17 de abril de 1807, los otros dos por decisiones tomadas en la reunión general del 20 de diciembre de 1806 [14]


"El Muy Sabio [Roëttiers de Montaleau] ha hecho varias propuestas, todas tendiendo al bien general de este respetable Taller del Capítulo Metropolitano y revivir la actividad de su trabajo por los motivos más adecuados para devolverlo a su primer esplendor. El primer medio que ha `propuesto ha sido deshacerse de toda la acumulación de cuotas, convirtiendo este artículo en un don gratuito ofrecido libremente, y reducir este objeto a cuotas anuales posteriores de 6 francos, a pagar por adelantado. [....]. El Muy Sabio señaló que las circunstancias parecían requerir que el Gran Oriente supiera que el Capítulo profesaba conocimientos masónicos de hasta 81 grados distribuidos en series y contenidos en cinco órdenes y que celoso de ayudar a repeler el abuso para prodigarlos, le invitaba a organizar capítulos superiores que solo otorgaran grados superiores a aquellos bajo el título de Rosacruces, que en una medida limitada "

La nomenclatura de 81 grados del Capítulo Metropolitano se fija así: nueve series de nueve grados clasificadas por familia. El quinto orden ejerce finalmente (pero un poco tarde) el rol que se le ha transferido desde 1784. Esto se registra en sus propios estatutos aprobados en diciembre de 1807, bajo los cuales se estructura en dos clases. El primero consiste en un consejo de nueve miembros, "guardián de los cuadernos masónicos, reglamentos y archivos del Capítulo Metropolitano" y "que posee los más altos grados". Debe entenderse que este consejo tenía por vocación reunir a los poseedores de los grados cúlmenes de los diversos sistemas masónicos del Gran Oriente, y para conferir los grados mencionados. Los cuadernos de los 81 grados se colocan en un arca de dos llaves, establecida en el lugar del Consejo de los IX. No está claro si el plan posterior del Hermano Gastebois [15] para convertir a los IX en una clase de "Iniciados en los profundos misterios" podría haberse realizado. Un ritual de este grado [16] (62º de la nomenclatura) parece confirmarlo, ya que una de sus copias incluye la mención "último grado de la Quinta Orden del Soberano Capítulo Metropolitano". Es interesante notar que este grado fue el último del rito en 33 grados del conde de Clermont con fecha de 1768.

En este ritual, una de las palabras de reconocimiento es "Panapotheon" (que se puede traducir como elevado al más alto nivel). Una segunda clase, conocida como Prosélitos, está compuesta por 27 miembros designados por el Consejo de los IX. Se convoca solo para llevar a cabo recepciones de Prosélitos o para la comunicación de las luces contenidas en las primeras ocho series, la novena está reservada para la clase de los IX. Los rituales de esta última serie pertenecen a la tradición hermética, probablemente incompatibles con el racionalismo enciclopédico de los líderes del Capítulo Metropolitano.

Esta forma de confiscación del conocimiento nos cuestiona. ¿Se juzgó que los prosélitos no tenían el conocimiento suficiente para aprehender estos temas? ¿Era necesario esconder de los ojos del "vulgar" un patrimonio perturbador, salido de la tradición hermética? Una respuesta puede ser dada por la vocación de los miembros del Consejo de los IX para llevar los grados más elevados de los diversos Ritos. Obsérvese también el procedimiento de reclutamiento de prosélitos, que deben haber depositado en el consejo materiales dignos de ser depositados en el arca y respuestas a unas "proponenda" comunicadas de antemano [18]:


2 ° ¿Por qué la bóveda de nuestras logias está decorada con la imagen de la luna, el sol y las estrellas?

 3 ° ¿por qué tomamos el nombre de Francmasones?

 4 º ¿cuál es la alegoría escondida bajo la figura del Triple Triángulo, joya de los oficiales del Gran Oriente?

 5 ° ¿por qué los números 3, 5, 7, 9, 21, 27, 81 son particularmente adoptados en la Masonería? "

El enunciado de estos temas demuestra claramente que su nivel iniciático se limita a los grados simbólicos dentro de los capítulos de principios del siglo XIX. Efectivamente no se desarrolla todavía en los consejos de las cuatro órdenes trabajo simbólico, excepto recepciones. Los pasajes de orden también se llevan a cabo en plazos muy cercanos. La entrada a la clase de los Prosélitos se hace por la recepción en el grado de Caballero del Sol, último grado de la 8ª serie. Pierre Mollier [19] registró 80 cuadernos de este grado copiados en el siglo XVIII y divididos en tres familias. Debido a la multiplicidad de rituales, el autor ve en el Caballero del Sol "un grado con geometría variable: doble enseñanza, permitiendo varios usos del grado de acuerdo con la sensibilidad y el objetivo de quienes lo practican, este grado testifica por su doble contenido, la antigüedad de 2 corrientes marginales del 18 °: FM "filosófica", es decir, deísta y racionalista, y FM hermética, pero que se perpetuará en la FM francesa ".

Este grado refleja la última etapa de iniciación, ya sea por la finalización de la Gran Obra Filosófica en los rituales herméticos: "Para lograr esto, es necesario aplastar a la serpiente de la ignorancia mundana, y extirpar de su corazón hasta las menores raíces del prejuicio y del error para ser admitido en el número de hijos de la verdad ", ya sea por el deseo de “despojar al viejo hombre, sacudir los prejuicios, hijos de error, ver la luz verdadera, y buscar la verdad" en rituales filosóficos. Las notas de Gastebois padre [20] nos iluminan sobre el ritual utilizado para la recepción en la Vª Orden: "otorgar el grado de Caballero del Sol, de acuerdo con el cuaderno del Sublime Elegido de la Verdad". Su análisis permite clasificarlo sin ambigüedad entre los rituales filosóficos.


La Vª Orden estructurada por primera vez a fines de 1807, funciona sin Roëttiers de Montaleau, que murió el 31 de enero de 1808. Las actas de las reuniones del 18 de diciembre de 1807 al 1 de junio de 1813 [21] nos cuentan las obras dedicadas a su mayor parte en la recepción de Caballeros Rosacruces en la clase de Prosélitos. Todavía se mantienen algunos debates "sobre el modo que debe adoptarse para restaurar el “Rit Ancien” [22] el lustre que le pertenece, mediante la compilación de los rangos superiores que posee más allá de S.P.CH.R.C. Confirmando la preocupación de posicionamiento sobre el Rito Escocés.

En cuanto a las actas de las asambleas de IVª Orden del primer semestre de 1814, que muestran un estancamiento del trabajo del Capítulo Metropolitano y una situación de cuasi colapso de la estructura, las rentas no pagadas que la obligan a devolver el local a su propietario el 1 de enero de 1815, con el archivo de los efectos del V ° Orden. Al mismo tiempo, el Gran Oriente de Francia se hará cargo de la administración de todos los altos grados bajo su manto. Un Gran Consistorio de Ritos serán instalados a finales de 1815, que se convertirá en el Gran Colegio de Ritos en 1826. En 1823, el Capítulo Metropolitano renunciará a su título y optará por denominarse Capítulo de las Galias [23], acordándole la Patente del grado 30 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para esa ocasión.

El Vº Orden cesará de este modo toda actividad en la restauración que tendrá lugar en abril de 1814 con el advenimiento de Luis XVIII, antes de ser despertado a finales del siglo XX, pero eso es otra parte de la historia.

Colette Léger

[1] Extrait de la circulaire annonçant la création du Grand Chapitre Général  -Ms BNF FM1 59.
[2] Ms BNF FM1 56 f. 1.

[3] Revue Dix - Huitième Siècle n° 23  (1991) p. 249.
[4] Ms BNF  FM4  144.
[5] Structure d’une loge au delà de la maîtrise.
[6] Revue Renaissance Traditionnelle n° 163/164 de juillet/octobre 2011.
[7]  Procès verbal de la 70ème assemblée  de la Chambre des Grades. Ms BNF  FM1 56 f.142.
[8] Ms BNF  FM1 56 f. 61.
[9] Procès verbal de l’assemblée du 13 avril 1997 du Chapitre Métropolitain  Ms  BNF  FM1 61 f. 2.
1.       Procès verbal de l’assemblée du 2 avril 1800 du Chapitre Métropolitain  Ms BNF  FM1 61 f. 8.
1.       Procès verbal de l’assemblée du 21 juillet 1801 du Chapitre Métropolitain  Ms BNF  FM1 61 f. 17.
1.       Procès verbal de l’assemblée du 26 juin 1802   du Chapitre Métropolitain  Ms BNF  FM1 61 f. 247.
[13] Futur Rite Français.
[14] PV de l’assemblée du 20 décembre 1806  du Chapitre Métropolitain  Ms BNF  FM1 61 f. 38.
[15] Membre du Conseil des IX à compter de 1809.
[16] Ms BNF, FM4  1047N.
[17] Ms BNF  FM1 61.
[18] Procès verbal des réunions du V° ordre du 29 avril 1808 ms BNF  FM1 61.
[19] Mémoire de DEA: Le Chevalier du Soleil : contribution à l’étude d’un haut grade maçonnique en France au XVIIIème siècle  (1992).
[20] Cf. supra.
[21] Ms BNF  FM1  61 ff. 2 à 28.
[22] Rit du XVIIIème siècle, futur Rite Français.
[23] Procès verbal du Suprême Conseil des Rites du Grand Orient du 5 mars 1823  Ms BNF FM1  51 f. 298.

Traducción y recopilación:

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9, 33º
Miembro de Honor del Grande Oriente Lusitano
Miembro de Honor del Gran Oriente Nacional Colombiano
Miembro de Honor de la Gran Logia Tradicional del Paraguay



La grandeza evolutiva de la Vª Orden del Rito Moderno o Francés

Últimamente estamos asistiendo a una especie de redescubrimiento alrededor del Rito Francés o Moderno (ese gran desconocido como en alguna ocasión comenté en alguno de mis trabajos) a pesar de ser el continente fundacional de lo que posteriormente se convertiría en las diversas "manifestaciones" rituales masónicas más o menos desafortunadas en ocasiones.

Sin duda alguna, la proliferación desmesurada y descontrolada de los denominados Altos Grados y sistemas heterodoxos (por lo carentes de coherencia) inducido en ocasiones por aspectos exógenos al objeto en sí de los fines originales de la Orden, la intromisión de modas extravagantes y visionarias, configurando esperpénticos sistemas mesiánicos, mágicos pseudomísticos y demás fauna variada, condujo a la masonería continental francesa, y en concreto desde el entorno del Gran Oriente de Francia, a la creación de un "Gran Capítulo General de Francia" con el fin de poner orden y dar una coherencia uniformada al citado panorama que, en cierto modo, resultaba patéticamente descontrolado.

De vez en cuando, la historia nos proporciona mentes preclaras en diversos ámbitos del arte y del conocimiento. Una de las figuras trascendentales para abordar dicha estructuración fue Roëttiers de Montaleau, quien junto con Graffin, Salivet, Saurine, Millon y otros muchos de dichos 81 miembros fundadores (obsérvese curiosamente el número 81), van a dar forma a las Órdenes de Sabiduría, previamente denominadas Órdenes Superiores, cuya pretensión era y sigue siendo la de agrupar de forma coherente las enseñanzas, reuniendo el conjunto de las corrientes históricas del denominado escocismo, y que ya he desarrollado ampliamente en otros artículos y ensayos.

Así pues, sigue manteniéndose en vigor esa idea fundacional original de 1784 que pretendía sencillamente la confección de una Vª Orden que contiene "todos los Grados físicos y metafísicos y todos los sistemas, especialmente los adoptados por las asociaciones masónicas vigentes", ardua labor que magistralmente llegó a realizarse de forma progresiva y que, curiosamente, fue olvidada en unos casos, o desconocida en otros, bien por desidia, ignorancia o afán de preponderancia egocéntrica en la mayoría de las ocasiones.

No voy a describir lo ya descrito, ni a descubrir nada novedoso, brillantemente desarrollado en magníficas obras bibliográficas y estudios descomunales que merecerían más de un “Premio Nobel de Masonería” si existiese. Mi propuesta es sencillamente inducir al estudio y al descubrimiento del Rito Francés, ese Rito de los Modernos que Roëttiers de Montaleau denominó en una de las propuestas de reorganización como “Rito Primitivo” afirmando con este adjetivo calificativo la anterioridad del Rito Francés, nombre adoptado para ser diferenciado de otros tantos creados posteriormente e implantados también en Francia. Dejaré para otra ocasión mi modesto análisis sobre el uso grotesco, falso y abusivo que se ha dado a un supuesto “Rito Primitivo” en otros lares, y que bien merecerá de un desarrollo más profundo. 
Ahora volvamos al verdadero concepto, ese Rito Primitivo, Rito Francés, Rito de los Modernos, que compiló tras los tres grados simbólicos toda una auténtica Academia y Conservatorio de Grados masónicos del Siglo de las Luces y distintos conocimientos procedentes de múltiples sistemas rituales.
Esa ambiciosa, pero necesaria Ordenación académica por un lado, y administrativa por otro, sigue viva a día de hoy, y desde su génesis se planteó con visión de futuro (basta ver sus primeros Estatutos y Reglamentos Generales de 19 de marzo de 1784).
Ya no se trata simplemente de una compilación cual “Arca de la Alianza” de los primeros e históricos 81 grados distribuidos en 9 series, sino de dar cabida a los mayores conocimientos masónicos en su seno, incorporando y reuniendo de este modo a los portadores de los grados culminantes de todos los diversos sistemas y Ritos.

Es ahí donde radica el objetivo final de la Vª Orden: reunir lo que está disperso al más alto nivel de la iniciación. Así fue y así sigue siendo en la actualidad, pese a quien le pese.

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9, 33º
Miembro de Honor del Grande Oriente Lusitano
Miembro de Honor del Gran Oriente Nacional Colombiano
Miembro de Honor de la Gran Logia Tradicional del Paraguay

Tradición y Regularidad: puro sentido común

 
Según nuestros valores y principios fundamentales, la Orden Masónica Universal es Una.
Esta unidad podría llevarse a cabo armoniosamente si las instituciones masónicas de cada nación hicieran el esfuerzo de aliarse ellas mismas en una confederación.
La francmasonería, fragmentada hoy en día en una multitud de asociaciones más atentas a su propio desarrollo que a su propia misión basal que debieran representar, es parecida a un mecanismo que se satisface, incluso se glorifica, de su funcionamiento, sin preocuparse generalmente de producir aquello por lo que fue creada.

Las dos principales corrientes, pretendiendo reivindicar su particular legitimidad masónica, han generado más disensos, atomizaciones que aproximación en un derroche de egos que bien valdría reconsiderar con la simple  aplicación del sentido común y de una verdadera y sentida filantropía.

Su naturaleza, su objeto y acción

Conforme a sus orígenes, su naturaleza es iniciática y simbólica. En sus Talleres arbitra a todo Ser humano, sin distinción de raza, de condición social, sexo, sistemas políticos o religiosos. En su interior se obra en vista del perfeccionamiento moral y ético de sus miembros, permitiendo un mejor conocimiento de si mismo, de los otros y del universo. En el seno de la humanidad debería representar un ejemplo y un modelo de sabiduría, de fraternidad, de beneficencia, propia a la ley del amor.

Para finalizar esta entrada, donde simplemente se ha pretendido aplicar el más mínimo sentido común, terminaremos citando brevemente unos conceptos trascendentales, pero simples.

Regularidad

Se aplica, sin otra consideración, a la recepción por transmisión ritual de unos contenidos simbólicos en un espacio-tiempo en el cuadro de unos Ritos masónicos codificados e históricamente reconocidos como receptores de un legado positivamente transformador.

Libertad del Francmasón

Esta se circunscribe en el respeto a las obligaciones y compromisos libremente contraídos, que le genera un gustoso deber de amar y respetar las virtudes y combatir los vicios.

Ritos

Todos los trabajos masónicos se efectúan en el cuadro y el respeto de procedimientos ancestrales, en ocasiones. Ninguna eventual adaptación debe alterar la sustancia fundamental del Rito, siendo las instituciones practicantes garantes y curadoras del mismo. Es su responsabilidad.


“Los 81 Grados del Rito Francés"

Aunque el título pueda resultar sorprendente, es necesario revisar nuestra anterior entrada para una precisa comprensión:

En un “fuera de serie” de la colección JOHABEN, Conform édition publica una obra trascendental, no solo para el Rito Francés o Moderno, sino para toda la masonería Universal derivada del Siglo de las Luces y de donde bebieron los denominados futuros ritos con adjetivo calificativo cuando los mismos no tenían ni nombre ni estructura.

En este caso, la obra excelentemente coordinada a través del Grand Chapitre Général du Grand Orient de France, pone ante nuestros ojos unos materiales inéditos solamente al acceso de quienes puedan desplazarse a la Biblioteca Nacional de Francia (BnF).

En esta edición, resulta fascinante y pedagógicamente maravilloso el prefacio de Philippe Guglielmi, Muy Sabio y Perfecto Gran Venerable del Gran Capítulo General del Gran Oriente de Francia, Gran Maestro del GODF en el año en el que se reactivaron los Órdenes de Sabiduría en el seno de dicha obediencia.

Guglielmi, apelando a una pertenencia “Universal” de dicho legado ritual y conceptual, toma un rol ecuménico y brillante exponiendo la tradición masónica y ritual de la cual nos hace partícipes a todos los practicantes del RM o RF, lo cual es de agradecer conceptualmente. En una fulgurante narrativa que va desde la recuperación de los archivos “rusos” después de la Segunda Guerra Mundial, hasta la actualidad, termina poniendo en nuestras manos el legado ritual del Siglo de las Luces, ahora a mano de todo aquel que quiera conocer la “verdad” ritual y su contexto.

Sylvie Bourel, conservadora en la BnF del departamento de Manuscritos modernos y contemporáneos, nos describe el movimiento, tránsito y estadía de este material en tan prestigiosa biblioteca, lugar único donde su conservación ha sido posible.

Finalmente, Colette Léger, Miembro del Gran Capítulo General de Francia, y de su Capítulo Nacional de Investigación, así como ex Gran Canciller del Gran Capítulo General de la Gran Logia Mixta de Francia, elabora un preciso trabajo, procedimentalmente impecable, analítico, profundo y contrastado, aplicando lo mejor de las técnicas de investigación historiográficas en vigor.
El resultado es fabuloso: 28 páginas introductorias de análisis erudito que harán gusto a propios y extraños, sin duda alguna.

La obra en si misma, insisto, nos propone todo el material ritual contenido en el Arca de la V° Orden y su desarrollo desde 1784 hasta el Siglo XIX.

Obra para sibaritas y amantes de la masonería en mayúsculas, pretender en pocas frases describirla sería una vacua pedantería.

Recomendable. Imprescindible.
Esperemos que a partir de esta apertura, podamos crecer, debatir y aumentar el ingente legado que Roëttiers de Montaleau nos propuso ya desde 1784, y que ahora, publicando los Rituales del Capítulo Metropolitano (nombre tomado desde 1789), alcancemos más luz sobre los “Altos Grados” o grados “Escoceses”, que a buen seguro sorprenderá a propios y a extraños.


Chapeau!!!

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9, 33º
Miembro de Honor del Gran Oriente de Colombia

La conjunción de Tradición y Progreso: el Gran Oriente de Colombia

El Gran Oriente de Colombia, con sede en Cartagena, afronta los nuevos retos de este ya adentrado siglo XXI, desde el espíritu de trabajo y respetuosa interacción con todos los Cuerpos y Potencias Masónicas colombianas e internacionales, conscientes de que nos unen los Universales ideales de la Orden, así como el compromiso para dar respuestas y soluciones a los problemas e inquietudes de nuestro mundo, precisado de la aplicación efectiva, real y veraz de nuestros más sublimes principios.

El ideario y legado que siempre ha proseguido el Gran Oriente de Colombia es el del GRAN ORIENTE Y SUPREMO CONSEJO NEOGRANADINO con sede en Cartagena, fundado el día 19 del 4º mes del año de la Verdadera Luz, 5833, (19 de junio de 1833 E.) y refundado en 1989.

La Republica de Colombia para la fecha en que el GRAN ORIENTE DE FRANCIA (1851) otorgo la Carta Patente al GRAN ORIENTE Y SUPREMO CONSEJO NEOGRANADINO, tenía el nombre de REPUBLICA DE LA NUEVA GRANADA.

En 1989, el GRAN ORIENTE Y SUPREMO CONSEJO NEOGRANADINO se refundó con el nombre de GRAN ORIENTE DE COLOMBIA, como Potencia Masónica Soberana e Independiente poseedora de la REGULARIDAD masónica que le da el hecho de ser la heredera natural de la Carta Patente otorgada por el Gran Oriente de Francia en 1851 al GRAN ORIENTE Y SUPREMO CONSEJO NEOGRANADINO con sede en Cartagena.

Así, con el nombre de GRAN ORIENTE DE COLOMBIA reabre sus trabajos en el año de 1989, con unas nuevas Cartas Patentes para trabajar el RITO FRANCÉS en sus tres primeros grados, como también en los Órdenes de Sabiduría o Altos Grados de este Rito en su Gran Capítulo General, igualmente otorgadas por el GRAN ORIENTE DE FRANCIA.

Esa herencia masónica y, por lo tanto, ideológica y espiritual, ha definido las líneas de trabajo del Gran Oriente de Colombia consiguiendo hacer converger la Tradición con el Progreso factible y constructivo, abordando y superando las nuevas realidades sociales, económicas, políticas y éticas, actitud indispensable y característica del Gran Oriente de Colombia siempre comprometido con el Progreso de la Humanidad en todas sus manifestaciones, facetas y matices.
En estos últimos años el Gran Oriente de Colombia ha tomado consciencia de que desde los principios de la masonería de tradición liberal se hace absolutamente indispensable establecer estrategias conducentes a la excelencia de sus miembros. Solamente así, coherente con su ideario y valores, ha integrado en su seno a la mujer masona como miembro indispensable en la Orden para evolucionar conjunta y plenamente, mirando de frente todo reto por venir como una oportunidad de crecimiento humano eficiente.

El Gran Oriente de Colombia se halla actualmente inmerso en unos ambiciosos proyectos que cierren el círculo de pensamiento, palabra y obra. Para ello ha diseñado una “Escuela de Formación Masónica” para sus miembros creando un organigrama que comprende desde conexiones con Academias, Centros de estudio masonológicos, Logias de Investigación, Universidades, hasta relaciones con otras estructuras y Potencias masónicas que favorezcan el intercambio de conocimientos generadores de nuevos y más eficaces procedimientos, compartiendo experiencias, vivencias y como vehículo creador de nuevas ideas. Ello le ha llevado a ir implementando también el uso de las nuevas tecnologías, así como una inversión humana dirigida al estudio y al trabajo francmasónico.

Por otra parte, el Gran Oriente de Colombia está, y debe estar siempre implicado con su acción social, desarrollando a tal efecto distintos proyectos de apoyo, ayuda y acción filantrópica.
Esta es la auténtica piedra de toque del Progreso en el Siglo XXI.

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9, 33º
Miembro de Honor del Gran Oriente de Colombia